23 abril, 2017

Diferencias y semejanzas entre el Islamismo y el Cristianismo

El Islamismo aparece en la Península Arábica a principio del siglo VII d.C., logrando dar unidad, organización y un mismo credo religioso a una población dispersa, que habitaba un territorio desigual, con formas de vida sedentaria y nómada (beduinos) organizados en tribus dirigidas por un jeque o "sayyid". Entre estas tribus había dos grupos rivales: árabes del sur o yemeníes, descendientes de Quatan, y árabes del norte, o nizaríes, descendientes de Ismael, ambos grupos reconocían su vinculación con el profeta Abraham. 
Resultado de imagen de islam Antes de asumir el Islamismo como religión, había divinidades locales tribales, algunas de carácter astral y otras residentes en piedras. Venus y Alah ("el dios") fueron divinidades superiores cuyo carácter de tales era ampliamente reconocido y aceptado. La ciudad de La Meca había llegado a ser la más importante de la península arábica, instituyéndose en un gran centro comercial y de encuentro de diversas culturas y credos religiosos, entre ellos judíos y cristianos los que al parecer generaron influencia en el monoteísmo islámico (Sourdel 1973).
Mahoma
Mahoma nació en 570 en La Meca. Después de recibir la aparición del Arcángel Gabriel se considera apóstol de Dios. Fue el fundador de la religión  pero no es su dios. Los seguidores de la religión islámica son los musulmanes, cuyo libro sagrado es el Corán, revelado por Dios (Alah) a Mahomgoglea, su profeta  y predicado por éste a sus discípulos entre los años 610 y 632 d.C. 
La Doctrina
El Islam tiene el Corán como libro sagrado, que es a la vez código religioso y político revelado por Dios a Mahoma. En el cristianismo los evangelistas fueron quienes con la inspiración de Dios escribieron la Biblia. 
El Islam rechaza la Santísima Trinidad. Cree en la vida eterna, el Juicio Final y la resurrección de los muertos. 
Para los musulmanes, no obstante la importancia que tiene Jesús, éste no es hijo de Dios, aunque reconocen que es hijo de María y creen en la virginidad de María. Mahoma tampoco es hijo de Dios, al igual que los anteriores profetas es un hombre como todos los hombres, de los cuales se diferencia por ser elegido por Dios para comunicar su mensaje a los seres humanos. Para el Islam Jesús no murió en la cruz porque Dios, en su misericordia, lo habría salvado; Jesús fue suplantado en la cruz.
La Moral
Hay que adorar a un único Dios, Alah. La ciudad santa para los musulmanes es la Meca, donde se le apareció Alah a Mahoma. 
El Islam exige cuatro prácticas: la oración, el ayuno durante el mes de Ramadán, la limosna a los pobres y la peregrinación a La Meca. Para convertirse a esta religión es suficiente decir, con fe y entendimiento, una sola vez en la vida "No hay más Dios que Dios (Alah), y Mahoma es su profeta".
Entre las prohibiciones están: toda clase de licores embriagadores; la carne de los productos porcinos, de animales salvajes que utilizan garras o dientes para matar a sus víctimas, de todas las aves depredadoras, de roedores, reptiles, gusanos y similares y de animales y pájaros muertos; toda clase de juegos de dinero y pasatiempos vanos; toda relación sexual fuera del matrimonio, todas las formas de vestir o actitudes que puedan inducir a tentación, provocar deseo, despertar sospechas o indicar inmodestia.
Respecto a la guerra santa (Yihad), el Corán la ha reconocido como una vía legítima de autodefensa y de reimplantación de la justicia y la paz. El Corán prescribe: "Combatid por Dios contra quienes combaten contra vosotros, pero no seáis vosotros los agresores". (S 2, 190). El Corán agrega "Matadles donde les halléis y expulsadles de donde os hayan expulsado…" (S 2, 191). "Pero si cesan, Dios es indulgente, misericordioso". "Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda culto a Dios. Si cesan, no haya más hostilidades que contra los impíos" (S 2, 192 - 193). La guerra no es el objetivo del Islam sino que un recurso legítimo de defensa propia; el Islam promueve la cultura de la paz.


 

21 abril, 2017

¿Qué es Vocación?

La vocación es la inclinación que una persona siente para dedicarse a un modo de vida, y puede estar relacionada tanto con lo profesional (trabajo, carrera) como con lo espiritual. La palabra, como tal, proviene del latín vocatĭo, vocatiōnis, que significa ‘acción de llamar’.

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En nuestra vocación intervienen muchos aspectos: nuestros gustos e intereses, las cosas que nos reconfortan y nos causan curiosidad, las habilidades que tenemos o que hemos aprendido, así como nuestra personalidad, nuestra forma de ser y de actuar, de asumir y enfrentar las cosas.

De allí que, con base en todo anteriormente mencionado, la vocación apunte hacia aquello que queremos hacer y lograr como individuos en esta vida, hacia lo que nos proporciona satisfacción y le da sentido a nuestras vidas.

Así, cuando encontramos nuestra vocación logramos entender mejor quiénes somos, qué queremos, hacia dónde vamos y para qué somos útiles.

Se llama vocación profesional aquella que una persona siente por iniciar una carrera, profesión u oficio antes, incluso, de contar con los rudimentos necesarios para su ejercicio. Como tal, no tiene edad para manifestarse. Idóneamente, ocurrirá antes del ingreso a la universidad. Sin embargo, hoy en día muchas escuelas o instituciones brindan orientación vocacional (tests, consultas, exámenes) a los jóvenes para ayudarlos a descubrir las cosas para las cuales manifiestan intereses y aptitudes.



Resultado de imagen de vocacionComo vocación religiosa se denomina aquella que se manifiesta, según la doctrina católica, como un llamado de Dios para la consagración de la propia vida al servicio de la Iglesia. En ella, influye mucho el que una persona cuente con los atributos y las habilidades necesarias para hacer los votos religiosos. Por ello, el catolicismo prevé una etapa de preparación llamada noviciado que precede la toma de los votos. En esta etapa, los jóvenes pueden determinar si realmente sienten el llamado para dedicar su vida de manera perpetua al servicio religioso.



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20 abril, 2017

De todos los miedos que existen, el más estúpido es temer la felicidad.

– No sabía que el señor Kane coleccionara diamantes.
– No, colecciona a una persona que colecciona diamantes.
Ciudadano Kane.

De todos los miedos que existen, el más estúpido es temer la felicidad.
Cuando estamos abajo, aunque no nos guste, sabemos que todo lo que venga será mejor. Justo al contrario de lo que ocurre cuando estamos arriba. En temas de satisfacción, nos gustan más las escaleras que los toboganes. Aceptar que el siguiente paso puede llevarnos a una zanja o a un escalón es la primera premisa para no quedarnos bloqueados y atrevernos a caminar.

Si bien en la adversidad nos sentimos más desdichados, en la dicha nos sentimos más vulnerables. Como escribe Brené Brown, “es más fácil vivir en la decepción que sentirse decepcionado. Te sientes más vulnerable cuando entras y sales de la decepción que cuando tienes en ella tu campamento permanente. Sacrificas la dicha, pero sufres menos”. Lejos de disfrutar cuando todo va viento en popa -y a toda vela- , nos preocupamos por si deja de soplar y nos quedamos en medio de la mar.

¿Quién podría temer la felicidad? -quizás estés pensando. Aquel que teme perderla. ¿Y quién puede temer perder? Aquel que cree que algo le pertenece.
No existe la ganancia o la pérdida. Existe el disfrute o no de lo que te rodea.”.
El miedo a perder
Como el ser humano tiene una tendencia tan marcada a adueñarse de todo, pocas cosas pueden perturbarle más que verse despojado. “Si no tengo, ¿quién soy?”, podría preguntarse. Así, mientras piensa y busca fórmulas para no perder, olvida que la solución es no poseer.
Las tenencias son artificios del hombre (principalmente del occidental). La cosa vendría más o menos a ser así: alguien algún día dijo “esto es mío”, le puso una valla y un buzón a su nombre y los siguientes no solo se lo creyeron sino que se lo quisieron comprar. El verbo tener (poseer) indica propiedad, y la propiedad no es otra cosa que un ‘autoagenciamiento’ de algo que o no es de nadie o es de todos. No existen tenencias fuera de los registros y de nuestra mente. Por lo tanto, no existe la ganancia o la pérdida. Existe el disfrute o no de lo que te rodea.

El miedo a perder… en el amor
Si adueñarse de las cosas ya trae consigo importantes consecuencias, peor lo es cuando lo hacemos con las personas. El amor no admite capitalismo(s). Nadie es de nadie, ni por pertenencia, ni por contrato. El amor puro es fruto de dos cuerpos que, libres, deciden encontrarse. En una relación pura no existen derechos u obligaciones, sino deseos y voluntades. La posesividad o los celos no solo hacen un daño terrible a quien lo sufre, sino que suele terminar por destruir la relación. Quien se siente dueño de otro está tan preocupado por no perderle que olvida que la mejor solución para que no se vaya es ganarle cada día. La posesividad se alía con el miedo para sacar lo peor de las personas. “Mientras te preocupas por si te quiere o no te quiere, te estás cargando la flor”, decíamos con la foto de una margarita.



“En una relación pura no existen derechos u obligaciones,

sino deseos y voluntades.”.


Otro curioso caso dentro de la estupidez de temer la felicidad, es el de quien ni siquiera comienza por temor al fin o quien, directamente, se inflige el propio daño para que no se lo haga otro. Echar a alguien de tu lado por temor a perderle es como pegarse un tiro por temor a morir.

Que el miedo a perderle no te quite la suerte de ‘tenerle’. No temas perder, acepta que nada es tuyo y que no existen las posesiones sino las experiencias y las oportunidades. No se puede disfrutar aquello de lo que no podemos renunciar. Por eso, aprende a vivir sin apegarte, sin necesitar… No exigiendo, prefiriendo, disfrutando.

No temas perder, porque nada es tuyo, teme no disfrutar de las incontables riquezas de las que disponemos.

No tengas un amigo, vive una amistad; no tengas un novio, disfruta del noviazgo; no tengas nada, experiméntalo todo.